Jul 282014
 

Si oyese al presidente del Gobierno quejarse diciendo «qué pena de país, mire donde mire cada vez vamos peor, pero la gente no hace nada por cambiar, es increíble. Así, no veo el futuro», sinceramente, me preocuparían sus palabras, pero más aún que lo dijera alguien que es responsable, en menor o mayor medida, de todo esto.

¿Opinas igual, verdad?

El otro día oí que te quejabas: «¡Qué pena! Algunos estudiantes con la capacidad que tienen y no la aprovechan», «las nuevas generaciones no tienen educación» y «qué decepción, el pasado sábado fui a una manifestación y había más personas mayores que jóvenes». Sinceramente, me preocupan tus palabras, pero más aún que lo diga alguien que es responsable, en menor o mayor medida, de todo esto.

¿Opinas igual ahora?

Ahora hay verdades, ayer hubo oportunidades. Me impresiona tu capacidad para no sentirte partícipe de lo de ayer, no responsabilizarte del ahora y no actuar de cara al futuro.

Jul 132014
 

Nos mostraste sin cesar nuestros errores (en rojo, en grande, donde más se veían, bien alto, delante de compañeros y familia, reflejados en los exámenes, en los trabajos, en los deberes…). Joel los fue corrigiendo. Yo, sin embargo, me declaré incapaz de hacerlo.

Si pienso en aquellos años contigo como maestra, recuerdo perfectamente cuáles eran mis defectos (desorden en el cuaderno, mala letra, fallos en ortografía relacionados con la b, la v y la h, dificultad para aprender las tablas de multiplicar del nueve y del siete e incapacidad para pronunciar adecuadamente palabras en inglés). Pero no recuerdo qué es lo que hacía bien en clase, jamás me hablaste de mis virtudes. Solamente lejos de tu clase encontré otras personas que sí lo hicieron, dándome motivos para esforzarme. Así, solo lograste que esperara salir de tu aula de defectos para poder encontrar mis virtudes.

No parece que conozcas un principio fundamental: a nadie le gusta cometer errores. El hecho de tenerlos no es un fastidio para ti (aunque lo parezca), sino para nosotros.

Si un error se repite significa que hay un problema y que es necesaria cierta ayuda. Además, identificarlos puede ser una gran oportunidad para mejorar. Sin embargo, tus amenazas, castigos y comentarios del tipo «siempre el mismo fallo» o «cuándo vas a dejar de tener esos errores de niño pequeño» eran frases que demostraban lo incompetentes que éramos; frases que, lejos de ayudarnos a solventar nuestros problemas, nos recordaban lo malos, inútiles y torpes que éramos.

Había muchas formas de tratar los errores. Tú volviste a demostrar tu simpleza.