Jun 232014
 

Lo había conseguido. Ayudado tal vez por ti o por mi familia, había cambiado. Estaba en clase mucho mejor, no solo más atento, sino que participaba, hacía la tarea, escribía más ordenadamente y sabía las respuestas a las preguntas que realizabas. Sentía como un nuevo comienzo, en el que era otro, con ilusión y ganas de no volver a ser aquel alumno. Todos estabais más contentos y yo era más feliz.

Pero, un día, todo se acabó, hubo un «punto y aparte».

Volví a estar distraído, poco motivado y a sentir que no podía con tu escuela y que era el último de la clase. Te preguntarás qué pasó. En mi caso, el «punto y aparte» fue aquella nota del examen que, imposible todavía de reflejar mi cambio, me recordó quién era, lo que podía hacer y lo que nunca sería.

En tu escuela hay demasiados «puntos y aparte», es decir, momentos que dificultan o paralizan nuestro cambio o proceso de desarrollo. ¿Sabes a qué me refiero? Piensa, por ejemplo, en qué sucedía con Luis Enrique después del fin de semana, con Samuel tras salir a clase de apoyo o con Ana cuando se entregaba el boletín trimestral.

Debes evitar todos los «puntos y aparte» que puedas. Estos signos se utilizan para separar dos párrafos distintos que desarrollan contenidos diferentes dentro de una misma línea de un texto. Nosotr@s no somos tu texto, recorremos nuestras propias frases y párrafos que trazan nuestra vida. Los puntos y aparte deben surgir de nuestra necesidad y naturaleza; los que surgen improvisadamente, o imponéis tú o tu escuela de forma ilógica, solo hacen daño a nuestro desarrollo.

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