May 262014
 

Otra excursión a un museo. Somos de esa generación que ha tenido la suerte de disfrutar de salidas complementarias a museos preciosos. Nos encantaban las excursiones, del tipo que fueran, pues salir de la escuela siempre estaba bien. Sin embargo, los museos nos aburrían.

Cuadros, esculturas… Uno, dos, diez, veinte… Aburrimiento.

¿Por qué nos aburrían los museos? Mejor dicho: ¿por qué nos tenían que gustar? Los cuadros no los pintaban para niñ@s, no representaban nuestra realidad, ningun@ de nosotr@s había pintado un cuadro y, por tanto, no podíamos valorarlo, nada sabíamos de pintura y sus colores y efectos eran superados por cualquiera de nuestros videojuegos.

Solo llamaban nuestra atención aquellos que representaban algo emocionante, que conocíamos por alguna razón o cuyo tamaño impresionaba. El resto solo ponía la nota de aburrimiento a la excursión, aburrimiento que buscaríamos solucionar entreteniéndonos con los compañeros y compañeras, riéndonos, bromeando o hablando; es decir, haciendo lo que a ti tanto te molestaba.

Creo que había mejores formas de acercarnos al arte y de que sintiéramos su atracción. Si lo que pretendías era que en el futuro ningun@ de tus estudiantes volviera a pisar un museo, creo que lo has conseguido en un 95% de los casos.