Jul 132014
 

Nos mostraste sin cesar nuestros errores (en rojo, en grande, donde más se veían, bien alto, delante de compañeros y familia, reflejados en los exámenes, en los trabajos, en los deberes…). Joel los fue corrigiendo. Yo, sin embargo, me declaré incapaz de hacerlo.

Si pienso en aquellos años contigo como maestra, recuerdo perfectamente cuáles eran mis defectos (desorden en el cuaderno, mala letra, fallos en ortografía relacionados con la b, la v y la h, dificultad para aprender las tablas de multiplicar del nueve y del siete e incapacidad para pronunciar adecuadamente palabras en inglés). Pero no recuerdo qué es lo que hacía bien en clase, jamás me hablaste de mis virtudes. Solamente lejos de tu clase encontré otras personas que sí lo hicieron, dándome motivos para esforzarme. Así, solo lograste que esperara salir de tu aula de defectos para poder encontrar mis virtudes.

No parece que conozcas un principio fundamental: a nadie le gusta cometer errores. El hecho de tenerlos no es un fastidio para ti (aunque lo parezca), sino para nosotros.

Si un error se repite significa que hay un problema y que es necesaria cierta ayuda. Además, identificarlos puede ser una gran oportunidad para mejorar. Sin embargo, tus amenazas, castigos y comentarios del tipo «siempre el mismo fallo» o «cuándo vas a dejar de tener esos errores de niño pequeño» eran frases que demostraban lo incompetentes que éramos; frases que, lejos de ayudarnos a solventar nuestros problemas, nos recordaban lo malos, inútiles y torpes que éramos.

Había muchas formas de tratar los errores. Tú volviste a demostrar tu simpleza.

May 192014
 

No quiero ir, ni dejar de ser feliz ni sentirme estúpido. No te lo dije, tal vez ni sabía explicarlo, pero aquel examen me hacía ver lo peor de mí.

Sabía lo que sería. Sabía lo que pasaría. No quería hacerlo. La propia naturaleza humana hace que evitemos realizar aquello que es negativo para nosotr@s. Mi experiencia contigo y con aquellos exámenes me había dado los suficientes motivos para no querer pasar aquel horrible momento.

Esos son mis recuerdos en aquel área, contigo como maestra. Otros sentían lo mismo con tu escuela en general. Así, mientras Joel, Laura o tú recordáis perfectamente los últimos exámenes y la felicidad de haberlos acabado, otr@s much@s no se acuerdan del final porque no llegaron, sino que abandonaron en cuanto pudieron para no volver a sentirse estúpid@s ni dejar de ser felices.

Tras ese examen, era tonto o vago. Sin ese examen, era feliz.

Algo hiciste mal.