Jun 092014
 

Mira por la ventana, observa a aquellas personas que caminan por la calle. Cada una lo hace a un ritmo, de una forma, por un lugar, con un destino. ¿Hay alguna persona fatigada? No, ¿verdad?, todas caminan. No obstante, si te fijas bien percibirás que todas se comportan de forma parecida influidas por la cultura y el contexto (caminan por la acera, respetan los semáforos, van más rápido si están en el metro o más despacio si hay hielo…), pero cada una a su ritmo.

En tu aula, al ser responsable de nosotr@s, has decidido el ritmo de aprendizaje, de consecución de objetivos, de secuencia de conocimientos y de realización de tareas. Por ello, el día que te encuentras mal bajas el ritmo, y el día que estás al 100% exiges el máximo. Pero ¿qué pasa cuando nosotr@s no coincidimos con tu 100% o con tu día relajado? ¿Somos culpables de ello? Entonces, ¿por qué sufrimos sus consecuencias?

Por otro lado, te he visto tantas veces resoplar, estresada, agotada, nerviosa… Si tú no estás cómoda a tu ritmo, siendo tú quien lo ha planificado, pudiéndolo modificar y sabiendo qué quieres conseguir, ¿cómo crees que nos sentimos nosotr@s?

Vuelve a mirar por la ventana.